Tuesday, February 14, 2006

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Me parezco a tu piel...
Me envuelvo entre leche y café... y tu piel...
Y espero que las nubes te adormezcan....
Escondido, sueño que me pertenezcas...

Y en la mañana fría,
un trozo de rocío recorre tu griega cintura;
y se deshace un cabello,
lizo, silente e insípido,
en el choque entre roca y mar, que parece elevar,
entre cabeza y cadera.

Que reposa en la madera virgen de tu vientre
y atonta a un luto impuesto por sombras,
atrapando sonrisas infantiles,
gentiles,
y nuevas.

Tus labios susurran una sinfonía de cuna,
una danza de manos de luna
junto al ocaso pintado en mis dedos;
y se enredan, y se amalgaman,
y se lian,
y un par de cerezas se deslizan por sobre el alba,
y las mismas, otras, nacen a su seguir,
se vencen bajo promesas fulgentes
y destellan el atardecer
en armónica ceguera, recíproca ceguera.
Intensa ceguera.

En ese silencio visual, la marea reposa incontrolable,
y el aire presiona y acelera,
el envolvente arte fricciona la tibieza,
y cae en desvaríos
del sentido, del sinsentido
y de la paz.
Y los espacios se inundan
y palidece el habla... ya innecesaria.

No habrá en otra una noche más serena,
ni nunca florecerá una roca en otra estrella;
ni nada entorpecerá
el eterno vals, boreal amar de almas gemelas.

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